ENTREVISTA

Fotolivro

Violentología

Hay fotolibros donde palabras como “sugerencia” o “ejercicio narrativo” se hacen pequeñas frente a la importancia del objeto. Otros donde las imágenes necesitan dialogar con los textos para devolvernos la complejidad del asunto tratado. Luego vienen libros como Violentología – un manual del conflicto colombiano, síntesis y superación de ambos casos.

El autor Stephen Ferry se autodefine non-fiction photographer y no hubiera podido encontrar palabras mejores. Fotoperiodista estadounidense en activo desde finales de los años ochenta, descubrió la realidad del conflicto colombiano en 1999 dando un taller en Cartagena invitado por la Fundación para un Nuevo Periodismo Latinoamericano creada por García Márquez.

En la recién concluida novena edición del festival Paraty Em Foco, ha sido posible descubrir el proyecto por boca del mismo Ferry, invitado a dar un taller cuyo título “Ética, Técnica y Estética” representa los ejes de su carrera.

Con la voluntad de desmontar el falso estereotipo de que sea una mera guerra de drogas, Ferry lleva más de una década en Colombia fotografiando y relacionándose con actores del conflicto, periodistas, investigadores, sindicalistas y defensores de derechos humanos. Escuchadle hablar del conflicto colombiano, luego miradle a los ojos: el compromiso que se percibe -primero personal, luego ético y sólo después profesional- es total.

En 2012, trece años después de aquel primer contacto con la guerra más larga y sangrienta de toda Latinoamérica llegó Violentología. El propio subtítulo indica que estamos delante de un manual, desvelando la voluntad didáctica de su autor. Fotolibro y a la vez ensayo histórico, podría ser usado para cuestionar y reformar de una vez por todas nuestros decimonónicos y nocionisticos sistemas educativos.

Publicado en español por Icono y en inglés por Umbrage, el título rinde homenaje a los “violentólogos”: intelectuales e investigadores colombianos empeñados desde finales de los ochenta en buscar las causas de la violencia en todos sus aspectos.

Impreso en las rotativas del periódico bogotano El Espectador, Violentología es un tributo a aquella prensa colombiana que arriesga su vida para contar la realidad del conflicto. El libro comparte la anchura de las hojas de diario y es difícil de manejar tanto que necesita una cajita de cartoncillo para ser guardado. Esto no es ningún error: está hecho para ser leído pausadamente, apoyado a una mesa o al suelo. Ferry sabe que el germen de la violencia es social y cultural y por eso le gusta pensar en que Violentología pueda ser usado por los padres -colombianos o no- para contar a sus hijos estas historias nada fantásticas; una “vacuna” para las nuevas generaciones antes de que ese “virus” se vuelva autoinmune.

La portada está enteramente ocupada por la fotografía anónima de un cadáver atado a un palo perteneciente a la época de La Violencia (1946-1965). Así el autor nos avisa del duro contenido del libro, nos adelanta el carácter investigativo del trabajo y nos sugiere los orígenes del hodierno conflicto.

Se abre después el cuerpo del libro, un sucederse de textos e imágenes donde cada capítulo nos habla un poco más de la multitud de actores y factores en juego. Además de los detallados escritos del autor encontramos también el ensayo “La Violencia” del historiador Gonzalo Sánchez, uno de los primeros y más importantes violentólogos. Si es verdad -como Ferry mismo cuenta- que no es posible trazar una visión completa de la guerra, hay que decir que Violentología  se le acerca mucho. Entre datos históricos y anécdotas reveladoras, las imágenes establecen un diálogo con las palabras restituyendo una crónica que podrá ser incompleta pero sin duda es informativa, esclarecedora, emotiva, conmovedora.

Hablando de las imágenes de Violentología, Stephen Ferry muestra una vez más que su prioridad es relatar la realidad más que hacer un fotolibro de autor. Le interesa utilizar fotografías pertenecientes a archivos de época o a otros fotoperiodistas (una constante búsqueda que no se ha concluido con la publicación del libro) y cuando usa las suyas nunca deja que se rompa el vínculo con las palabras ni se deja seducir por la espectacularización.

El deseo de tangibilidad que influyó sobre la construcción del libro como objeto viene de su pasión por la fotografía analógica. El tacto del negativo, el grano, los borrosos primeros planos dictados por la hiperfocal, todo contribuye a crear una estética bien definible y coherente.

Página tras página, Violentología va ganando su sitio en la biblioteca, con derecho a estar tanto en el estante de fotografía como en el de historia. El libro se acaba con “La paloma al fondo”, reflexión emotiva de María Teresa Ronderos construida a partir de una fotografía de Ferry. Diciendo que acaba estoy hablando de la versión cartácea. Violentología se completa con una página web en expansión que recogerá las nuevas aportaciones y donde es posible descargar los “Cuadernillos”. Hacer disponible la descarga gratuita de algunos capítulos del libro es otra muestra de la voluntad informativa y didáctica que está a la base de todo el trabajo.

Entrevistado por El Espectador en 2011, Ferry decía que considera la fotografía un vehículo de libertad mientras pueda ayudar a que una persona se ponga por un momento en los zapatos de otro. Por muy incómodos que puedan ser, los zapatos de Violentología merecen ser calzados.

http://violentologia.com/