El oficio del fotógrafo

Foto: Luis Weinstein – Santiago, Chile – 1983

“Y trató de imaginar cómo se vería la luz de una vela cuando está apagada”

Lo único que sé es que yo me llamaba muchas veces Bustrofotón o Bustrófotomaton o Busnéforoniepce, depende, dependiendo…

Así habla Códac, mejor dicho, así se lee cómo habla ese personaje.

A comienzos de los ’60, el cubano Guillermo Cabrera Infante se despacha “Tres tristes tigres”, novela que encarna una nueva forma en la narrativa latinoamericana, aquella que aporta a la “ampliación del género en las rupturas del lenguaje”. Un epígrafe de Lewis Carroll – el mismísimo reverendo Dodgson que retrató a la pequeña Alice Liddell y también escribió Alicia en el país de las maravillas – da inicio a la obra: “Y trató de imaginar cómo se vería la luz de una vela cuando está apagada”. Difícil concebir una idea más fotográfica!! Sin embargo, es una novela, pura literatura que “renuncia a reflejar o imitar la ‘realidad’: su capacidad crítica es otra cosa, se basa ya no en su determinismo sino en su condición de metáfora de esa realidad: el lenguaje es aquí la historia” (Marisa Moyano).

¿Qué pasa si allí donde dice “literatura” se leyera “fotografía”? ¿Podemos decir que nuestra fotografía latinoamericana contemporánea renuncia “a reflejar o imitar la realidad para intentar ser una metáfora”, que ahora el lenguaje fotográfico sea la historia? ¿O estamos en una etapa distinta de nuestra evolución? ¿“Avanzamos” en la fotografía o seguimos en la misma perspectiva del s. XIX?

El 2º Fórum Latino-Americano de Fotografia de São Paulo, gracias a esta presencia masiva en la red meses antes de su inauguración oficial en el Itaú Cultural de la Avenida Paulista, ya es un gran lugar de encuentro para la fotografía latinoamericana.

Los editores de “Sueño de la razón” quisimos aprovechar tantas cabezas pensantes, tantos ojos mirantes, tantos teclados batientes, para construir el #4 de la serie con una mirada más colectiva sobre un tema contundente para nuestro campo: el oficio del fotógrafo.

El proyecto consiste en hacer una edición que recoja la problemática posteada en la red a propósito de “ser fotógrafo”: textos e imágenes, críticas y discusiones, azar y construcción, instantes decisivos y de los otros, en una gran conversación sobre el estado del Arte en esta época de bicentenarios.

Foto: Luis Weinstein – Santiago, Chile – 1985

Wikipedia.org nos informa que el bustrofedon es una forma que se inspira en arar con bueyes, derecha a izquierda una vuelta, izquierda a derecha la siguiente. Un orden básico, impuesto por ritmos animales, distinto p.e. al orden de la escritura habitual – pero no menos válido – que organiza tanto antiguas inscripciones griegas como el eficiente sistema de las impresoras de matriz de punto, escribiendo las líneas de texto de ida y vuelta. Análogo y digital, arcaico y contemporáneo, cruzados en el concepto de bustrofedon: un ejemplo de cómo imaginamos que el oficio del fotógrafo se compone de órdenes distintos y tradiciones múltiples que se encuentran para iluminar prácticas artísticas, de representación, de comunicación que constituyen nuestra cultura del tercer milenio.

Vamos por partes, como decía el policía.

En una entrevista que le grabé, el artista visual Eugenio Dittborn comentó que la misma sospecha que tenian los pintores y sus teóricos en el s.XIX (y en el s.XX también!!) respecto de la fotografía y su extrema facilidad para la representación realista, es la que actualmente tenemos los que nos formamos en la tradición análoga respecto de la imagen digital y sus automatismos. Pareciera que algo de aura le queda a la imagen fotoquímica, a pesar de pertenecer a la era de la reproducción mecánica, que a nuestros ojos la fotografía digital no consigue encarnar.

Quizás sea sólo el viejo tema de la preservación de un privilegio social – ser un “verdadero” fotógrafo – obtenido por la acumulación de horas de práctica y/o el talento individual. Quizás esta necesidad humana de establecer un estatus social, sea más persistente, profunda e inconsciente que las razones formales de calidades intrinsecas a los dos sistemas que se invocan para rebajar las fotos digitales. Finalmente, sabemos que es “más fácil” hacer imágenes con el automatismo del sistema digital que con rollo y ampliadora. Pero ¿debiera ser la “facilidad” la medida para evaluar las calidades en fotografía?

La literatura, otro sistema de representación, otro lenguaje, quizás nos permite “ver” mejor nuestro medio, cumplir en parte con esa fantasía de observar la cultura desde su exterior. Leer “Las babas del Diablo” de Julio Cortázar, otro que escribe desde lejos, nos permite por ejemplo elaborar sobre el fotógrafo como testigo (y a los talentosos como Antonioni filmar la notable “Blow Up”) y también pensar en el oficio: “Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/250”.

¿En qué consiste el oficio del fotógrafo? Dice Cabrera Infante : “El Arte (como la religión o como la ciencia o como la filosofía) es otro intento de imponer la luz del orden a las tinieblas del caos…”

Por Luis Weinstein/Sueño de la Razón.

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