Dittborn y la fotografía en el “espacio de acá”

Foto: Luis Weinstein – Eugenio Dittborn

Leonor Catalina Fernández Canales, una bella mujer de 18 años yace en una cama.

En la fotografía destaca su aro brillante, el punctum, como en una pintura de Vermeer. Al leer el pie de foto, escrito por un periodista de la revista Vea en los años ’50, nos enteramos que ella no duerme. Fue asesinada por su novio; no es una cama, es la camilla de la morgue.

El fuera de campo siempre es más que la imagen, sólo podemos imaginar las circunstancias posibles. Como en toda fotografía, cada nueva lectura la resignifica: a la experiencia del fotógrafo que la hizo, del editor que la publicó o el periodista que reporteó el suceso, se agrega la experiencia del espectador que la encuentra. Eugenio Dittborn, en su investigación artística encontró la foto impresa, la copió, la reprodujo en offset, le agregó tinta serigráfica, y sobre el texto, oscureciéndolo en parte, le sumó las palabras “por amor”. Esta operación gráfica se sumó a la circulación de la obra en un medio artístico. Leonor Catalina empezó una nueva vida. Saltó, entre otras cosas, de las páginas impresas a las paredes de la galería. De un símbolo a otro.

El trabajo de Eugenio de esta época fue objeto de la atención de Ronald Kay, teórico del Arte que escribión un bello/importante/renovador texto: “del espacio de acá”.

Como reseña Natalia Calderón en su tesis en éste, Kay plantea que “el aparato fotográfico al dejar Europa dejó consigo a su vez todos aquellos objetos que había capturado por su lente, los cuales le eran absolutamente contemporáneos y se vio de pronto inmerso en una realidad que dejaba de serlo, que dejaba de marchar a su mismo ritmo, a su mismo tiempo: es ahí pues donde la problemática se origina, en ese enrarecimiento temporal, en ese desconocimiento mutuo.”

Al cruzar el oceano, la fotografía se enfrentó a naciones que estaban en pleno proceso de formación como repúblicas, sin un pasado autónomo, con una cultura propia recién en formación. Una realidad que contaba también con la complejidad de pueblos originarios, conscientemente olvidados por los conquistadores y sus descendientes. Temporalidades diferentes enfrentadas por este nuevo dispositivo inventado en la metrópolis e introducido, sin anestesia, en el nueo mundo.

Dittborn también afirma que en Chile (en la región en general), la fotografía es anterior a la pintura. Que toda la discusión sobre la fotografía como una de las “Bellas Artes”, carece de sentido en estos parajes, pues cuando el “Arte” llegó, ya la fotografía se encontraba instalada. El gran antecesor de la pintura en Chile, Perú y Argentina, es el mulato José Gil de Castro, quien se valía de todo tipo de ayudas mecánicas para pintar con el mayor verismo a los padres de la patria. Natalia Calderón cuenta que Eugenio María de Hostos en 1872 con motivo de la exposición nacional de artes e industria escribió: “Para ser original i ser así verdadero artista dentro del medio estético que lo produce, estudie el pintor chileno la naturaleza que lo rodea, cópiela, fotografíela, fotografíe copie i estudie la naturaleza que lo rodea”. Recomendaciones de un académico !!!!

Livro "Del Espacio de Aca" de Ronald Kay

Ciento setenta años después de introducida la fotografía en América del Sur, a pesar de este comienzo auspicioso, sigue la conversación sobre la autenticidad de los papeles que le dan ciudadanía artística a esta disciplina.

Hace un tiempo, Ilonka Csillag, fundadora del Centro Nacional de Conservación del Patrimonio Fotográfico (CENFOTO) me comentó sobre la ponencia que dió Peter Galassi (Curador chefe do Departamento de Fotografia do MoMA) en Chile. Le llamó la atención que el jefe del departamento de fotografía de uno de los más importantes museos del mundo dijera que “empecé a ver la fotografía como Arte cuando conocí la obra de Jeff Wall”.

Le pregunto a Eugenio Dittborn, quien se explaya sobre las construcciones de Wall, su oficio, su trabajo de precisión para evocar en fotografías de gran formato los temas de la pintura romántica, reelaborados desde la crudeza de la fotografía a siglos de distancia. No deja de sorprenderme su gusto por un trabajo tan alejado del suyo propio, construido sobre la fotografía pública (impresa o producida por fotógrafos ambulantes, sin autor reconocible). Cuando trabajaba sobre este material, a comienzos de los ’80, Eugenio quería invocar no a la pintura, sino aquello que quedaba flotando al fondo de la fotografía, ese residuo que se forma por la fotografía que se ve una vez y luego sigue su existencia al fondo de una página impresa, olvidada por la nueva fotografía que llega a ocupar su lugar y así sucesivamente; esos miles de retratos de personas anónimas para nosotros, que constituye el gran acervo de la fotografía mundial.

Al dia de hoy, Dittborn trabaja con gran éxito en sus pinturas aeropostales, imágenes que viajan plegadas, a través del correo y que cobran vida exponiéndose en lugares distantes, tensando el concepto de viaje y representación, tal como Kay y él mismo aseguran que nació la fotografía en estos territorios.

Por Luis Weinstein/Sueño de la Razón.

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