ENTREVISTA

Fotolivro

Elementary Calculus

El cálculo es el estudio matemático del cambio. El cambio se vuelve elemental cuando la realidad es una dicotomía entre sobrevivir y sucumbir, quedarse en la desesperación o lanzarse hacia la esperanza de un porvenir mejor.

J Carrier, fotógrafo “nómada”que vivió también en África, conoce bien la pobreza en la que vive gran parte de la población al sur del Sahara y también lo que es vivir en tierra extranjera. Por esto cuando decide irse a Israel para observar los rostros de los migrantes que están al otro cabo del hilo consigue crear un universo empático y cercano, poéticamente cruzado por millares de kilómetros de cobre (de allí el doble guiño del color naranja de la tipografía en cubierta, de las guardas, de la geométrica madeja en contracubierta).

Lejos de ser otro trabajo “clásico”sobre migrantes, en el libro no encontramos ninguna foto de míseros interiores ni tristes miradas a cámara. Carrier no documenta con los meros “hechos” sino con las sensaciones interiorizadas y elaboradas íntimamente. Diametralmente opuesto al más que participativo Open See de Jim Goldberg, Elementary Calculus comparte con éste la búsqueda de nuevos lenguajes visuales que superen los manidos patrones asociados al hashtag #migrantes.

Cuando Michael Mack y su equipo editorial están por medio, sobra decir que la publicación está magníficamente impresa y encuadernada. Prácticamente sin texto, las únicas letras las encontramos al comienzo en forma de versos del poeta palestino Mahmoud Darwish. En las últimas páginas unas líneas se encargan de ubicar geográficamente y temporalmente las imágenes.

No os esperéis “fotones”, el libro no tiene ninguna. Esto no quiere ser una crítica, más bien es la antesala de un elogio a la valiosa y conseguida narración que ha llevado a posicionar el libro en todas las más importantes listas de best photobooks de 2012. Conectando diferentes líneas de trabajo por medio de similitudes simétricas por formas y contenidos, J Carrier construye un ritmado relato capaz de transmitir su mensaje y a la vez abierto a las nuevas interpretaciones que el lector activo le quiera dar.

Los teléfonos públicos y sus usuarios los migrantes son el esqueleto del trabajo: vacíos, rotos, lugar de conversaciones tristes o animadas, de papelitos con números garabateados. Las miradas están perdidas como buscando una imagen que se corresponda a esa voz metálica, la indefensión y la soledad aumentadas por el hecho de tener que “desnudarse” en la acera a la merced de todo transeúnte.

Las imágenes que se van mezclando siguen hablando de alienación, distancia y dificultades pero diversifican el mensaje. Hay rejas y muros que nos cierran la vista, cables tensos o embrollados que parecen el trazado gráfico de las elucubraciones, naranjas que simbolizan la cosecha del duro trabajo. Otro papel importante lo tienen los animales: una paloma que busca refugio en una grieta del Muro de las Lamentaciones (fotografías que abren y cierran el libro), gatos por la calle como buscando comida, que cruzan muros, que corren rápidos detrás de rejas…el paralelo está claro.

Una serie de tres imágenes nos habla del azar y de la esperanza mostrándonos una máquina de feria de las que tienen una pinza mecánica para intentar agarrar unos billetes apoyados en el fondo. Cuando antes decía que el libro no tiene texto, no estaba considerando tres imágenes de paquetes de cigarrillos y sudaderas donde aparecen impresas las palabras time, distance e infinity. Aparecen también unos paisajes abiertos pero que encierran toda la lejanía de la tierra natal y guiados por la narración que -repito- está perfecta, llegamos al final del libro con la sensación real de conocer a estas personas y compartir sus preocupaciones.

Esperanzas, esperas, distancias, precariedades, soledades. Cálculos elementales cada vez más imperiosos, cara oscura de la libre circulación de mercancías y personas.